Es un tópico, no exento de verdad, que la administración local es la mas próxima al ciudadano y tal argumento forma parte indispensable de todos los discursos que siembran las campañas electorales de los candidatos a munícipes.
La proximidad, puese ser entrañable, pero también puede convertirse en una molestia difícil de soportar para unos y otros. En el caso que nos ocupa, molesta para alcaldes y concejales y para los ciudada-nos; las relaciones de vecindad son así, muy directas. Se precisa mano izquierda para manejar situaciones cotidianas que afectan a derechos y libertades en el entorno de la vida diaria.
Qué duda cabe de que queremos una ciudad limpia y en lo que cabe bella, donde las molestias sean las mínimas, los ruidos mínimos, los olores desagradables mínimos, que papeleras y contenedores sean correctamente utilizados y mantenidos, que los parques estén cuidados y los árboles y praderas sean respetados y en la que podamos expresarnos y movernos con toda libertad... esta última cuestión es para nosotros irrenunciable.
Nuestros gobernantes nos plantean una norma, en forma de Ordenanza Municipal que envuelta en obviedades respecto a normas mínimas de civismo, pretende coar-tar derechos y libertades, no se sabe en nombre de qué, aunque si presumimos de donde deriva la idea y que mentalidad ancestral la anima. No hay mas remedio que decir un no muy grande y muy claro. Los límites de la libertad de expresión y el derecho de manifestación escapan de las competencias de la Administración municipal y esto es tan obvio e inmediato que precisa muy pocas explicaciones. Quede en manos de nuestros representantes municipales decidir si es necesario recopilar en un documento nuevo los reglamentos vigentes, cuyo cumplimiento hasta la fecha ha sido harto deficiente, pero el intento de recorte de nuestras libertades, aunque se pretenda envolverlas en seda no puede tolerarse y ese intento está recogido en el proyecto de "Ordenanza Municipal sobre protección de la convivencia ciudadana y prevención de conductas antisociales" que pretende aprobarse en nuestro Ayuntamiento.
“Será necesario que quienes alardean de representar la opinión, la representen realmente algún día. No son nuestros jefes, sólo nuestros delegados. Y al precio que nos cuestan, podemos incluso considerarlos nuestros empleados distinguidos. No conozco mejor uso del sentimiento democrático” (Louis Pauwels)
Los Partidos políticos son cotos cerrados, internamente se dotan de una disciplina que dificulta o imposibilita mantener posturas y opiniones que difieran de la línea oficial sostenida por los líderes.
La impresión que se obtiene desde fuera es que la democracia interna es puramente formal.
Esta circunstancia sería aceptable si la posibilidad de incorporar partidos políticos a la sociedad tuviera virtualidad en nuestro país. Mas adelante expondremos que la creación de partidos a estas alturas no pasa de ser un derecho formal. En consecuencia el ciudadano individual se encuentra limitado a unas mínimas opciones de participación política y se convierte en prisionero de un voto que da fuerza a unos representantes a los que no puede controlar en absoluto durante cuatro años.
Posiblemente el carácter cerrado y jerarquizado de los partidos tuvo una razón de ser en tiempos iniciales de la democracia dando lugar al cambio de despotismo ilustrado a democracia representativa, basada en la interacción de varios despotismos ilustrados constituidos por las cúpulas de los partidos. Indudablemente los logros conseguidos son de gran calado y han transformado muchas sociedades a lo largo de los últimos dos siglos.
Personas válidas lideraron diferentes opciones apoyados sobre un número importante de afiliados, cuya trascendencia en la cotidianidad de las organizaciones abarcaba desde el mantenimiento económico de la infraestructura hasta su presencia social mediante la difusión de las ideas y propuestas de la organización.
Es comprensible que el número de personas capacitadas y adecuadamente formadas intelectual y técnicamente para liderar las organizaciones fue reducido en los tiempos pasados, de ahí la importancia que asignaron a la formación y a las actividades culturales los partidos políticos de izquierda.
De esta forma aparece como válido y posiblemente como necesario el sistema de funcionamiento de las organizaciones desde el siglo XVIII hasta nuestros días, la pregunta es como adaptarla a la sociedad actual.
El notabilísimo cambio social sufrido en España en el último tercio del siglo XX, siempre con retraso respecto a los países de Europa occidental, parece avalar la necesidad de una transformación que amplíe las posibilidades del ciudadano en la toma de decisiones políticas, especialmente las que por referirse a cuestiones coyunturales o sobrevenidas, quedan fuera de la discusión programática de los partidos, especialmente digo pero no exclusivamente, dada la limitación de opciones, que está provocando no sólo un alejamiento del ciudadano respecto a los partidos políticos sino una abstención creciente de los votantes en los comicios electorales y la desviación de votos de castigo hacia formaciones alejadas de los mínimos democrático exigibles como ha ocurrido en Francia y Austria recientemente.
Por una parte los medios de información alcanzan a todos los ciudadanos, por otra el nivel medio de conocimientos del ciudadano es suficiente para comprender o al menos aprehender la información que le alcanza. De aquí la lucha sin cuartel por el dominio de los medios de comunicación por parte de los “lobbis” y su poder sobre los políticos así como su capacidad de “lavado de cerebro “ sobre la población general. De otro lado el interclasismo característico de nuestra sociedad que difumina los límites que años atrás delimitaba a las clases sociales, mucho mas estancas, y que por ello aproximaba a los individuos en grupos según intereses básicos.
No parece que sea posible en la actualidad mantener organizaciones numerosas sobre el prestigio de unas élites capaces de convencer permanentemente a sus bases de la bondad de sus argumentos y propuestas y lograr su adhesión sincera, convencida. De esta manera se impone una fórmula de retracción, es decir, al no tener las organizaciones como prioridad la captación de afiliados, que incluso resultan molestos, y por tanto la representación, optan por la vía de la representatividad, circunstancia que afecta igualmente a otras organizaciones como sindicatos, asociaciones patronales e incluso O.N.Gs, novedoso producto de la manipulación de la bondad natural.
Por medio de estudiadas técnicas de comunicación, montadas sobre los modelos de propaganda comercial y sobre los resultados de encuestas de opinión, sobre la que influyen mucho mas las aprehensiones que las reflexiones fundadas e conocimientos objetivos de las realidades sobre las que debiera formarse, se estructuran campañas destinadas a conseguir la adhesión del máximo número posible de ciudadanos a unos partidos e incluso más, a unos líderes que los encarnan y representan, como determinados famosos representan una marca comercial. Es mas, difícilmente una organización “no conveniente” tendrá la oportunidad de dar a conocer sus propuestas en un ámbito de cierta trascendencia pública. No se escapa a nadie en este momento de España que, si bien formalmente las normas establecen un sistema pluripartidista, la tendencia obedece a un acuerdo tácito que propugna un bipartidismo, del que sólo escapan las Comunidades Autónomas con fuerte tradición nacionalista, creo que con no más que la resignación de los partidos nacionales y los inevitables movimientos coyunturales ante la disyuntiva “cuando no puedas vencerles...”
En esta situación la política no refleja el acuerdo de las múltiples opiniones sino la opinión de la fuerza predominante en un momento, con independencia de que los poderosos medios propagandísticos consigan convertirla en opinión pública salvo en contadísimas ocasiones.
Han pasado ya mas de dos siglos , J. J. Ruosseau, planteaba la cuestión en los siguientes términos:
“ Si cuando el pueblo, suficientemente informado, delibera, los ciudadanos pudieran permanecer sin ninguna comunicación entre ellos, del gran número de pequeñas diferencias resultaría siempre la voluntad general y la resolución sería buena. Pero cuando se forman intrigas y asociaciones parciales a expensas de la comunidad, la voluntad de cada una de ellas conviértese en general con relación a sus miembros, y en particular con relación al Estado, pudiéndose entonces decir que no hay ya tantos votantes como ciudadanos sino tantos como asociaciones. Las diferencias se hacen menos numerosas y da un resultado menos general. En fin, cuando una de esas asociaciones es tan grande que predomina sobre todas las demás, el resultado no será una suma de pequeñas diferencias, sino una diferencia única: desaparece la voluntad general y la opinión que impera es una opinión particular.
Importa pues, para tener una buena exposición de la voluntad general que......Si existen sociedades particulares es preciso multiplicarlas......Estas precauciones son necesarias para que la voluntad general sea siempre esclarecida....”
A pesar de la fuerte tendencia y el interés de poderosos grupos con medios indudablemente efectivos, por implantar el pensamiento único , que es en realidad el que a ellos conviene en cada ocasión, han surgido con fuerza movimientos de contestación como los integrados en la perversamente llamada por sus detractores, antiglobalización. Son sin duda movimientos dispersos que se han unido de forma mas o menos puntual con una idea de fuerza, bien definida en la frase, otro mundo es posible, pero las propuestas de cada grupo, si bien parciales constituyen, en su conjunto un planteamiento holístico del mundo que llega cada vez a mas ciudadanos que no se resignan a aceptar el fin de la historia y la implantación de grado o por fuerza de las verdades que el sistema ultracapitalista plantea como únicas, definitivas y eternas.
La necesidad de seguir pensando existe a pesar de todos los intentos de alienación protagonizados cotidianamente por los grupos de poder interesados.
Sin embargo, cabe considerar, que el conocimiento profundo de las
cosas puede, quizá sea lo único que puede, evitar el vaciamiento intelectual y la ausencia de pensamiento crítico que amenaza a nuestra sociedad satisfecha con su progresiva capacidad de consumo tan exagerado y tan propugnado como la forma de controlar conciencias por abotargamiento y sobre esa base alumbrar el “mundo feliz”
Fuera de la anécdota, o del desastre, no hay una conciencia de los daños que una actividad económica desaforada y teledirigida causa al medio ambiente. La actividad terrorista da lugar a un terrorífico contraterrorismo protagonizado por los poderosos sin que se tolere un debate sereno y radical de las causas de aquella bajo acusación de colaboracionismo con ella y en su caso, antipatriotismo que promueve incluso la autocensura. La necesidad de controlar a la sociedad y arrancar de ella cada vez mas beneficios con el fin de acumular el máximo de capital-poder en el mínimo número de manos se pone de manifiesto en la privatización de servicios públicos y de sectores estratégicos de manera que cada vez mas los gobiernos quedan reducidos a una función de guardianes y protectores de los grandes emporios económicos a los que tienen que someterse, quedando frustrada la base de la democracia.
MIguel
